Observando impasible nuestra visita, el Castillo de los Vélez domina la ciudad y la huerta desde lo alto de la colina donde la Familia Fajardo decidió construirlo. Se trata de una austera construcción militar del siglo XVI y su creación es consecuencia de un importante cambio en la administración municipal.
El Adelantado del Reino de Murcia y recién nombrado Marqués de los Vélez don Pedro Fajardo, gracias al favor real recibió la Villa de Mula, que hasta el primer tercio del siglo XV había sido villa de realengo. Este hecho propició un enfrentamiento entre la casa marquesal y las familias nobles del pueblo que habían copado el poder en ella hasta ese momento. La construcción del contundente baluarte no dejó lugar a dudas de que el poder de los Fajardo auguraba cambios en el proceder de la política municipal.

Una inscripción en la fachada sur del castillo “LUGIVICUS FAJARDO ME FECIT 1524”, señala el año en que concluyeron las obras. Otra lápida sobre la entrada a la Torre del Homenaje relata que bajo los cimientos de este castillo hubo otro de origen romano. Nunca debió existir esa fortaleza romana pero los Fajardo debieron recurrir a la colocación de la lápida para justificar su construcción. La monarquía, tras la conquista del reino Nazarí, trató de impedir la construcción de fortalezas defensivas que ya no resultaban necesarias desde la desaparición del peligro fronterizo con los musulmanes de Granada. Lo que sí existió bajo la edificación de los Marqueses fue una construcción musulmana que sirvió de germen a la actual y desde donde partía la muralla medieval de la que aún vemos restos en la ladera de la colina.
La desnuda arquitectura del edificio (declarado Bien de Interés Cultural) deja a la vista la perfecta obra de cantería. Destaca la bóveda de cañón que cubre la sala que hay inmediata a la puerta de acceso al castillo y sobre la que se asienta el patio de armas. La gran Torre del Homenaje y el torreón del aljibe completan la estructura del edificio que se asienta sobre un sinuoso y escarpado terreno del que parece que haya sido labrado.
La ornamentación es casi nula, limitándose a los proporcionados escudos de armas de don Pedro Fajardo y su segunda y tercera esposa, situados casi todos ellos en la fachada sur. Al contundente almenado, que con su relieve establece un juego de luces y sombras que corona todo el castillo, podría dársele el apelativo de ornamental, sobre todo teniendo en cuenta que estos elementos se encuentran, fundamentalmente, en las fachadas que pueden divisarse desde las calles de Mula y no en la de la parte trasera del castillo. Esta característica otorga al edificio cierto carácter escenográfico. La austeridad del castillo y ese cuidado en la fachada sur no pretendían otra cosa que mostrar a los habitantes de Mula el poder de la casa de los Fajardo y recordarles continuamente quienes eran los nuevos Señores de la villa.
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